viernes, 25 de febrero de 2011

Reducción de velocidad en autopistas: una medida que no funcionará

Esta tarde, y para no perder la costumbre,  el gobierno del inefable ZP nos ha vuelto a sorprender a propios y extraños  con una de sus  típicas salidas de pata de banco. Esta vez, y ante la subida de petróleo de estos días a raíz de la cadena de disturbios árabes (y otras razones mucho más estructurales e inquietantes), en lo que parece ser la clásica medida propagandística destinada a convencer al incauto de turno de que nuestro gobierno tiene pajolera idea de cómo enfrentar los problemas (craso error), ha decidido bajar el límite de velocidad en autovías y autopistas en 10Km/h: de 120 a 110 Km/h. Una medida que resulta especialmente llamativa si se tiene en cuenta que no se adoptaba en este país  una decisión parecida desde los tiempos de la Segunda Crisis del  Petróleo.

No seré  yo el que discuta la necesidad (no sólo española, sino mundial) de limitar el consumo de combustibles fósiles. Recuerdo -por si alguno todavía no se ha enterado- que estamos a menos de un lustro de  distancia una auténtica catástrofe, provocada por el inminente descenso de la producción mundial de crudo, que hace imprescindible tomar cuanto antes medidas radicales para limitar su consumo.  Así que no voy a criticar esta medida por “excesiva” y “soviética”, como los babeantes demagogos del PP, sino, más bien, por todo lo contrario: por ser poco menos que inútil
El señor Rubalcaba, en la rueda de prensa de esta tarde, nos ha vendido que este descenso de velocidad equivale a un ahorro de combustible de entre el 11% y el 15%.  Y, claro, ante tan espectacular dato,  la pregunta es inmediata: ¿es esto cierto? ¿Podemos esperar semejante ahorro como consecuencia de una medida tan modesta?
Modestamente, lo primero que he hecho es hecer mis propias cuentas  a fin de averiguar cuánto de verosímil hay en tan atrevida afirmación, que, de ser cierta, supondría un ahorro de 8000 millones de euros a la economía nacional. Algo que no estaría nada mal.
Lo primero que he sacado en claro es que ciertos asesores  del gobierno  abusan demasiado de la Física de Bachillerato y olvidan que el mundo real requiere de cálculos bastante más complejos. Y es que la cuenta de la vieja que parece haber  hecho Rubalcaba es la que detallo:
Según establece la física elemental (demasiado elemental), la energía cinética,  que es la energía que posee un cuerpo en movimiento es EC=1/2Mv**2, es decir  aumenta con la masa y con el cuadrado de la velocidad (eso es aquí lo que interesa) . En cristiano: un coche, para mantenerse a 120km/h, no consume el doble de energía que para mantenerse a 60 km/h, sino cuatro veces más.  Y, "por supuesto",  eso implica cuatro veces más gasolina.
Sabiendo esto, si uno quiere calcular cuánto se ahorra en combustible aplicando la dichosa reducción de velocidad,  solo tiene que hacer las cuentas: se calcula la energía a 120Km/h y a  110Km/h, respectivamente, y se calcula la correspondiente variación.  Así, y resumido todo el proceso en una operación, obtenernos el siguiente “chorizo”  -bastante simplón- como fórmula de la tasa de ahorro:

Dónde R(EC)  es la tasa de ahorro de energía (y de combustible, claro), y v2 y v1 son las respectivas velocidades; en nuestro nuestro caso, 110 y 120 Km/h.  
Pues bien, hecho el cálculo, obtenemos un resultado incluso más optimista que el anunciado por el gobierno: un 19% de ahorro.  ¿Cómo llegamos al 15% anunciado?  Suponiendo que el españolito de pro, siempre dispuesto a jugársela, traspasa el límite de velocidad sistemáticamente en unos 8-10 km/h -que es el margen de error de los velocímetros de tráfico-. Vamos, suponiendo que con 120Km/h de velocidad máxima, todo Dios se pone a unos 128 Km/h,  y que, de imponer un límite de 110, el personal  se iría a  los120 Km/h. Esa simple suposición ya basta para obtener la dichosa aproximación de un 15% de ahorro.
¿Debemos creernos un cálculo tan chapucero? Ni en broma.
Primero, porque, todos lo sabemos, hay múltiples factores que afectan al verdadero consumo de un coche; como el tipo de motor, la aerodinámica, el estado de la suspensión y los neumáticos… Pero, sobre todo, por lo evidente: este cálculo parte de un principio absurdo; que los turismos se dedican a transitar por autopistas y autovías a “tiempo completo” y que no existen ni las carreteras convencionales ni las vías urbanas; lo que es especialmente doliente si se tiene en cuenta lo que todo quisqui sabe: el consumo de un turismo en el típico atasco mañanero es casi el doble que su consumo a 100 Km/h (y muy parecido al de viajar a 120 km/h).  Y, mira qué casualidad, resulta que la inmensa mayoría de usos del  turismo son para  trayectos urbanos.
¿Cuál es ahorro real? Es difícil saberlo. Pero está claro que, aún en el caso de que el límite se respete (habrá que verlo),  hablamos del chocolate del loro. ¿Un 1 o un 2%? Quizás menos. En todo caso, una cosa es evidente: si ZP quiere coger el toro por los cuernos, va a tener que tomar medidas serias y no limitarse a burdas maniobras propagandísticas de cara a complacer al típico ecologista coñazo, tan biempensado como ignorante.

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