viernes, 25 de febrero de 2011

Reducción de velocidad en autopistas: una medida que no funcionará

Esta tarde, y para no perder la costumbre,  el gobierno del inefable ZP nos ha vuelto a sorprender a propios y extraños  con una de sus  típicas salidas de pata de banco. Esta vez, y ante la subida de petróleo de estos días a raíz de la cadena de disturbios árabes (y otras razones mucho más estructurales e inquietantes), en lo que parece ser la clásica medida propagandística destinada a convencer al incauto de turno de que nuestro gobierno tiene pajolera idea de cómo enfrentar los problemas (craso error), ha decidido bajar el límite de velocidad en autovías y autopistas en 10Km/h: de 120 a 110 Km/h. Una medida que resulta especialmente llamativa si se tiene en cuenta que no se adoptaba en este país  una decisión parecida desde los tiempos de la Segunda Crisis del  Petróleo.

No seré  yo el que discuta la necesidad (no sólo española, sino mundial) de limitar el consumo de combustibles fósiles. Recuerdo -por si alguno todavía no se ha enterado- que estamos a menos de un lustro de  distancia una auténtica catástrofe, provocada por el inminente descenso de la producción mundial de crudo, que hace imprescindible tomar cuanto antes medidas radicales para limitar su consumo.  Así que no voy a criticar esta medida por “excesiva” y “soviética”, como los babeantes demagogos del PP, sino, más bien, por todo lo contrario: por ser poco menos que inútil
El señor Rubalcaba, en la rueda de prensa de esta tarde, nos ha vendido que este descenso de velocidad equivale a un ahorro de combustible de entre el 11% y el 15%.  Y, claro, ante tan espectacular dato,  la pregunta es inmediata: ¿es esto cierto? ¿Podemos esperar semejante ahorro como consecuencia de una medida tan modesta?
Modestamente, lo primero que he hecho es hecer mis propias cuentas  a fin de averiguar cuánto de verosímil hay en tan atrevida afirmación, que, de ser cierta, supondría un ahorro de 8000 millones de euros a la economía nacional. Algo que no estaría nada mal.
Lo primero que he sacado en claro es que ciertos asesores  del gobierno  abusan demasiado de la Física de Bachillerato y olvidan que el mundo real requiere de cálculos bastante más complejos. Y es que la cuenta de la vieja que parece haber  hecho Rubalcaba es la que detallo:
Según establece la física elemental (demasiado elemental), la energía cinética,  que es la energía que posee un cuerpo en movimiento es EC=1/2Mv**2, es decir  aumenta con la masa y con el cuadrado de la velocidad (eso es aquí lo que interesa) . En cristiano: un coche, para mantenerse a 120km/h, no consume el doble de energía que para mantenerse a 60 km/h, sino cuatro veces más.  Y, "por supuesto",  eso implica cuatro veces más gasolina.
Sabiendo esto, si uno quiere calcular cuánto se ahorra en combustible aplicando la dichosa reducción de velocidad,  solo tiene que hacer las cuentas: se calcula la energía a 120Km/h y a  110Km/h, respectivamente, y se calcula la correspondiente variación.  Así, y resumido todo el proceso en una operación, obtenernos el siguiente “chorizo”  -bastante simplón- como fórmula de la tasa de ahorro:

Dónde R(EC)  es la tasa de ahorro de energía (y de combustible, claro), y v2 y v1 son las respectivas velocidades; en nuestro nuestro caso, 110 y 120 Km/h.  
Pues bien, hecho el cálculo, obtenemos un resultado incluso más optimista que el anunciado por el gobierno: un 19% de ahorro.  ¿Cómo llegamos al 15% anunciado?  Suponiendo que el españolito de pro, siempre dispuesto a jugársela, traspasa el límite de velocidad sistemáticamente en unos 8-10 km/h -que es el margen de error de los velocímetros de tráfico-. Vamos, suponiendo que con 120Km/h de velocidad máxima, todo Dios se pone a unos 128 Km/h,  y que, de imponer un límite de 110, el personal  se iría a  los120 Km/h. Esa simple suposición ya basta para obtener la dichosa aproximación de un 15% de ahorro.
¿Debemos creernos un cálculo tan chapucero? Ni en broma.
Primero, porque, todos lo sabemos, hay múltiples factores que afectan al verdadero consumo de un coche; como el tipo de motor, la aerodinámica, el estado de la suspensión y los neumáticos… Pero, sobre todo, por lo evidente: este cálculo parte de un principio absurdo; que los turismos se dedican a transitar por autopistas y autovías a “tiempo completo” y que no existen ni las carreteras convencionales ni las vías urbanas; lo que es especialmente doliente si se tiene en cuenta lo que todo quisqui sabe: el consumo de un turismo en el típico atasco mañanero es casi el doble que su consumo a 100 Km/h (y muy parecido al de viajar a 120 km/h).  Y, mira qué casualidad, resulta que la inmensa mayoría de usos del  turismo son para  trayectos urbanos.
¿Cuál es ahorro real? Es difícil saberlo. Pero está claro que, aún en el caso de que el límite se respete (habrá que verlo),  hablamos del chocolate del loro. ¿Un 1 o un 2%? Quizás menos. En todo caso, una cosa es evidente: si ZP quiere coger el toro por los cuernos, va a tener que tomar medidas serias y no limitarse a burdas maniobras propagandísticas de cara a complacer al típico ecologista coñazo, tan biempensado como ignorante.

viernes, 18 de febrero de 2011

Rectificación de Urgencia: EEUU, nación forajida

Hace apenas una semana cometí  el lamentable error de  escribir un artículo elogioso sobre la gestión de Barak Obama en la cuestión  de Oriente Medio,  regocijándome absurdamente de su “mano izquierda”  y de su “moderación”. Evidentemente, y me disculpo por ello, había  estado mezclando.
Hace poco más de tres horas saltaba la liebre:
“EE UU veta por primera vez la condena a Israel por la construcción de asentamientos”
En efecto, contra la opinión de todas y cada una de las restantes  191 naciones representadas en la ONU, EEUU ha vetado una resolución que declaraba lo evidente: las colonias judías en Cisjordania y Gaza son ilegales.  
No, no es la primera vez que EEUU pisotea la decencia para salvar el culo a Israel ejerciendo su mafioso derecho de veto (mañana  le dedicaré más al asunto),  pero hoy, y sobreapasando todos los nivele de la infamia vistos, se ha dado un salto cualitativo: nunca USA había llegado tan lejos en su atropello del derecho de gentes (ya ni siquiera digo el internacional); ha sobrepasado una línea roja. Una cosa, que es lo que venía haciendo Washington hasta ahora, es tratar de justificar lo injustificable con excusas más o menos disparatadas y tratar de reinterpretar la realidad a su conveniencia -eso puede parecernos repugnante, pero entra dentro de los límites de la dialéctica y el politiqueo- , y otra es dar impunidad a los crímenes de un estado  en contra la opinión  de la totalidad de la comunidad internacional.  Lo que acaba de hacer EEUU es declarar públicamente que está dispuesta a apoyar cualquier desmán israelí  sin condiciones, cargando con el peso político de todos y cada uno de sus crímenes e ilegalidades pasados, presentes y futuros. Y eso es mucho, mucho peso. ..  Tanto que quizás Israel, en su caída, los arrastre al infierno.  
Por supuesto, y dejando  las cuestiones morales para mejor ocasión, lo que acaba de hacer el gobierno de Obama es un suicidio político; un disparate que han de llorar amargamente y cuyas consecuencias se prolongarán por décadas. Obama, al avalar los atropellos israelíes, acaba de perder el mundo árabe: nadie podrá confiar jamás en su palabra, y cada gesto que haga  será interpretado (correctamente) como pura impostura. Si Obama pensaba que podría pilotar con éxito la rebelión egipcia, puede ir olvidándose. Es bastante previsible cómo reaccionará la Hermandad Musulmana (con toda justicia) ante esta villanía y es igualmente previsible como se galvanizará, bajo su influencia,  el resto de su opinión pública: aunque los militares, por la fuerza de las armas, consigan prevalecer, la marea de la opinión pública les obligará a mantener las distancias con EEUU e Israel. Lo mismo puede decirse respecto a los  regímenes  que todavía conserva, como Arabia y Jordania. ¿Cree Obama que sus dirigentes, cuya única prioridad es sobrevivir, le recibirán con los brazos abiertos en contra de la  furiosa opinión de sus pueblos? ¿Hay alguien que en la Casa Blanca tan estúpido como para pensar que sus dirigentes, tras ver como Obama dejó caer a Mubarak a su conveniencia,  no van a empezar hoy mismo a distanciarse y a dejar de ponerse al teléfono?  
Pero el peaje de la inmolación americana no se limita a Oriente Medio: ¿Tras esto, con qué autoridad van a criticar los EEUU que China vete sistemáticamente  las resoluciones sobre Corea del Norte, los derechos humanos  o el Tíbet? ¿Quién  ha de creerles cuando digan que el programa nuclear iraní es una amenaza para Israel tras este redomado acto de cinismo? Estados unidos está completamente sólo. A l igual, irónicamente,  que su protegido Israel, la única autoridad yanquie, a estas alturas, emana de los cañones de los tanques.  Y muchos, cada día más, son los que ya se alegran de su cada vez más evidente declive.
Y, un pensamiento mucho más terrible: si ocurre un nuevo 11-S, Dios no lo quiera,  ¿cuántos se acordarán de aquello de “Quién siembra vientos…”?

domingo, 13 de febrero de 2011

Como la UE perdió Turquía

Si ayer, con bastante mala leche y algo de humor (más o menos inspirado),  trataba de cómo el EEUU de Obama parece estar adaptándose relativamente bien al nuevo equilibrio surgido de la explosión de las potencias emergentes, justo lo contrario puede decirse de la cataléctica y completamente esclerótica Europa, destinada a ser aplastada por la realidad  mucho antes de ser capaz de comprenderla.  Mientras el mundo cambia ante nuestros ojos, los piliticuchos que nos gobiernan, mediocres hasta el dolor y completamente ajenos a la realidad, siguen empeñados en embarcarnos en un viaje suicida a ninguna parte.
Por un lado, y como ejemplo máximo del suicidio colectivo europeo, tenemos los disparatados recortes sociales y laborales que, dictados desde Alemania –cuya expansión actual, que tanto asombra a los economistas de salón, es un efímero espejismo debido a la demanda China de maquinaria industrial y agrícola: recordemos  a la señora Merkel, que tantas lecciones nos da, que hace sólo un lustro tenia de los niveles de desempleo más altos de la Unión y que su crecimiento promedio desde los 90’ es claramente inferior al español -,  están condenado a la EU a décadas de crecimientos raquíticos y descapitalización progresiva.  Sólo un idiota recortaría el poder adquisitivo real en una economía, como la europea, basada en un 70% en el consumo. En efecto, la política económica europea  parece capitaneada por Edward John Smith: destinada a un bonito naufragio a medio plazo.
Si se topa con estos individuos, mantengase a distancia y llame a la policía. Se trata de una peligrosa organización criminal mafiosa especializada en estafas y atracos a mano armada. Su modus operandi consiste en quitar las pensiones a los trabajadores y entregar el botín a los bancos

Pero si la gestión de política interior, o sea, de los dineros y de como nos los robamos unos a otros, es lamentable, ni hablemos ya de las relaciones exteriores de la UE; cosa fina.
 Recordemos a los no iniciados sus principios básicos:
-No importa qué pase ni dónde: la UE será la última en reaccionar, justo tras el gobierno de las islas Salomon.
-Su respuesta, en un 90%, será una repetición exacta, puntos y comas, de lo que haya dicho el portavoz de la Casa Blanca un cuarto de hora antes, sea esto favorable o no a nuestros intereses.
-En el restante 10% de ocasiones, es decir, cuando Washington, por desinterés, no se haya pronunciado, la respuesta europea será errónea, mezquina, miope y claramente contraproducente.
Sí, amigos, el principio director de la política exterior europea es la suprema mezquindad, caracterizada por la tendencia, tan típica del matón de barrio venido a menos, de mostrarse terriblemente débil con los fuertes (USA, Rusia, China) y terriblemente fuerte con los que (la mayor parte de las veces, erróneamente) consideramos débiles. En efecto, nuestros inefables gobernantes, que viven en la perpetua nostalgia de las viejas glorias ya extintas, y que no quieren darse por enterados que en términos globales la UE es económica y políticamente irrelevante o de que el poder real hace mucho, mucho tiempo cruzo el océano, son cada vez más proclives a mostrar sus dedo acusador al embajador iraní, dándole las consabidas lecciones de derechos humanos y amenazándole con penas infernales que no están en condiciones de imponer, justo un cuarto de hora después de postrarse ante Hu Jintao, que pasaba por allí chequera en mano. ¿Lo más triste? Que necesitamos su petróleo como el comer, y que, cuando finalmente nos demos por aludidos, sus ejecuciones nos importarán tan poco como las chinas o las árabes. Y lo mismo podría decirse de todas y cada una de las naciones que, sistemáticamente, y por razones reales que tienen muy poco que ver con los derechos humanos y la democracia, despreciamos.
Y, por supuesto, dentro de esta tendencia a tirar piedras contra el propio tejado, y llevado al paroxismo, se encuadra el caso turco.
Turquía es la 12º potencia económica del mundo, con un PIB de 615.300 millones de dólares. Su tasa de crecimiento el 2010 fue del 6.5%, la segunda mayor de los países de la OCDE tras China, y su promedio a lo largo de la década pasada fue del 6%, más del doble que la media europea (y Alemania). En cuanto a su renta per capita, que es de unos  12000$,  se ha cuadriplicado en los últimos siete años, lo que significa que, a este ritmo, será comparable a la media europea en una década. En una proyección, bastante conservadora, que se publico hace unas pocas semanas, la PWC calculaba que en el 2050 Turquía sería la primera economía europea, por delante de Alemania, Francia o Reino Unido. (Sí, europea).

En el 2050, la media luna turca habrá eclipsado la lángida constelación europea. Para entonces,  será la primera potencia económica de Europa.

Y claro, con estos datos en la mano, y viendo como la economía europea se agosta al implacable sol del nuevo orden mundial, alguno podría preguntarse por qué Turquía, única esperanza realista para impedir la descomposición económica y social de Europa,  irónicamente, no forma de la UE. Pues bien, esa fue la pregunta que se hicieron los turcos durante medio largo siglo. Nuestra desgracia es que ya no se la hacen. Según las últimas encuestas, el número de turcos que desean entrar en la UE han pasado del 71 al 43%.
Turquía, que ya desde los tiempos de Ataturk había realizado enormes esfuerzos de modernización, y confiando ilusamente en que estos esfuerzos serían tenidos en cuenta, llamó a la puerta de la Comunidad Europea en 1963, momento en el que recibió como repuesta un educado portazo en las narices en forma de promesas incumplidas. Desde entonces, el episodio se ha repetido al menos una vez por década, justificándose  el “no” en argumentos cada vez más peregrinos. Turquía ha ido cumpliendo religiosamente  todas y cada una de las exigencias que se le realizaban en cuestiones de derechos humanos, igualdad de sexos o libertad política mientras veía como a países social, económica y culturalmente más rezagados (léase Polonia o las repúblicas bálticas), que no cumplían las condiciones teóricas, se les abrían las puertas de par en par. La Unión Europea, como si de un decadente Club de bridge se tratase, se ha permitido humillar a Turquía imponiendo condiciones cada vez más caprichosas  que violan claramente su soberanía, como todo lo referente al conflicto chipriota. Y ni siquiera eso ha sido suficiente.
¿Por qué? Racismo, xenofobia y egoísmo; así de simple. La vieja y decadente Europa, en especial su putrefacta derecha democratacristiana (contradicción maxiana dónde las haya), se niega a imaginar que pueda haber un lugar para el islán en “su Europa”: están demasiado imbuidos de la religión más intolerante y asesina que haya conocido la historia: el cristianismo. Sólo hay que escuchar a sujetos  como Mayor Oreja y los de su calaña para comprender lo asentada que está la mentalidad de las Cruzadas en algunos sujetos, dispuestos a conducirnos al desastre con tal de no despertar de sus ensoñaciones medievales. Se trata, al fin de cuentas, del mismo nauseabundo prejuicio pseudoideológico que explica que Europa (servilimo a USA, aparte), en el conflicto árabe-israelí, y en contra de la práctica totalidad de sus ciudadanos, se posicione sistemáticamente del lado de la genocida entidad sionista. A esto hay que añadir una buena dosis de visceral racismo y el miedo de alemanes y franceses a perder el control político de la unión europea. Y es que, por población, a Turquía le corresponderían tantos escaños como a ambos, lo que destrozaría las convenciones mafiosas y mamoneos vistos hasta ahora.
Pues bien, ahora resulta que el último tren ya ha pasado. La actual Turquía, que ya se ha convertido en una potencia regional, tiene poco que ganar en el seno de la UE. Quien crece al 6% nada tiene que sacar de bueno de quienes crecen al 3. Pocos o ninguno de los antaño omnipresentes fondos de cohesión llegarían a sus arcas y pronto, quizás en un década, pasaría ser donante neto, teniendo que llevar a sus espaldas el lastre de unas Alemania y Francia envejecidas y ideológicamente hostiles, que, con la arrogancia de costumbre, tratarían de interferir sistemáticamente en su política interna y relaciones exteriores.


Erdogan, dirigente moderado, independiente y sensato
 
Turquía parece haber encontrado su propio camino, y este se aleja de Occidente y sus aires de decadencia. Bajo el sensato gobierno del PJD de Erdogan, Turquía parece estar empezando a ser consciente de su poder y a ganarse por derecho propio lo que otros tan estúpidamente le hemos negado.  En los últimos años, de manera valiente a la par que pragmática, Turquía ha pasado de ser el más occidental de los lacayos de los yanquies a ser una nación independiente que, gracias a una inteligente combinación de islamismo y modernidad, se ha convertido en el espejo en el que se mira todo Oriente Medio. Por supuesto, ni que decir tiene, la nueva Turquía asusta a Occidente mucho más que la antigua. Nos horroriza su islamismo (no por radical, sino por islamismo) y nos irrita su independencia. No toleramos que Turquía, dándonos lecciones de Democracia y decencia política, congelase sus relaciones con  Israel tras la carnicería de la Flota de la Libertad. No toleramos que, desmarcándose de la gran farsa del programa nuclear iraní –por el que cuatro potencias nucleares, Israel, EEUU, Reino Unido y Francia, tienen el cinismo de acusar a Irán de tratar de desarrollarlo-, propusiera a Irán un trato alternativo justo. Y, por supuesto, no podemos soportar que pidiese la dimisión de Mubarak un cuarto de millón de años antes de que Europa se diese por aludida. Por todas estas razones, los EEUU comienzan a ver a Turquía con creciente hostilidad y, por supuesto, nuestros palmeros actuarán en consecuencia.
Pero poco importa. Por más que nos joda, vamos a tener que aguantarnos. Turquía está aquí y llegado para quedarse.

sábado, 12 de febrero de 2011

Gracias, Tea Party

Obama está resultando una calamidad para todos los que nos enorgullecemos de nuestro  antiamericanismo. El muy cabrón, nos está dejando sin argumentos: su inteligencia, su sentido de la medida, su relativamente rápida capacidad de reacción y su puñetero comedimiento están destrozando todos los tópicos aplicables a los presidentes americanos.  Ya no hay quien grite Yanquies go home!

 No, no es que el tipo sea perfecto (gracias a Dios).  Para empezar,  aunque  lo intenta, no puede evitar los típicos tics de arrogancia y paternalismo  que caracterizan a todo yanqui que se precie; qué le vamos a hacer. Además, no nos engañemos, su porte tranquilo y dialogante tiene mucho de calculada impostura y de rematada cobardía. Es la clase de político taimado y maniobrero que no se moja ni en la ducha y que espera a ver el sol en la ventana antes de decir “buenos días”.  Por otro lado, y como bien dice la musa oficial de esta Web, Sarah Palin, le faltan “cooojoones”: de boquita , que sale gratis, mucha defensa de los derechos humanos, del derecho internacional,  de la libertad de expresión, del interculturalismo  y del penino en vinagre, pero Guantanamo ahí sigue, abierto y con el cartel de completo en la puerta; y a los chinos,  faltaría más, recepción de honor y alfombra roja, que traen la chequera llena. En efecto, amigos: es tan hipócrita, falsario y cínico como todos sus predecesores.  Pero, he aquí la cuestión, ¡no se le nota! Te apuñala mientras te pregunta si  te duele y, oye, parece que hace el favor.  
Esta reflexión, que podía estar motivada por otro medio millón de cosas, es consecuencia de los acontecimientos de Egipto y de constatar cómo se las arreglado para ponerse al frente de la manifestación en el momento justo y convertir lo que es una derrota estratégica en toda regla en una victoria táctica. Estoy convencido de que sus 300 millones de adiposos compatriotas jamás serán conscientes de hasta qué punto Obama, con su último acto de prestidigitación, les ha evitado años de dolor de cabeza y de ataúdes envueltos en la bandera americana .

Barak Obama, único presidente Norteamericano en tres décadas que no ha comenzado una guerra. Toda una calamidad pública.


Supongo que no descubro nada si digo que la caída de Mubarak no es una buena noticia en Washington. El “faraón” ha sido,sin duda, el mejor gobernante para Egipto que los Estados Unidos podían haber soñado: discreto en las formas, brutal en el fondo y absolutamente sumiso a los intereses americanos e israelíes. Nadie, absolutamente nadie, podrá superar su nivel de servilismo y eficacia. Mubarak cuenta en su haber “meritos” como haber dado credibilidad a esa humillante impostura llamada “Proceso de Paz", haber contribuido a la ruina de Arafat, colaborar, sin el menor complejo,  con Israel en el cerco a Gaza, y contribuir en la “Guerra contra el Terrorismo” aportando a sus expertos torturadores  -muchos de los aviones dirigidos a Guantanamo hacían una escala en el Cairo, dónde el equipo de Soleiman, flamante vicepresidente, se encargaba de “interrogar” con tenazas y garfios a los sospechosos-. Probablemente, y en un sentido estratégico, la caída de Mubarak representa un riesgo mucho mayor para los intereses americanos  que la caída de Sha en el 79.  Al fin y al cabo, aquel Estados Unidos estaba en el clímax de su poder y éste en franca decadencia: empantanado en dos guerras, con una economía agonizante, y ya sintiendo el aliento del dragón chino en su nuca. Además, cada día resulta más evidente que el nuevo orden geoestratégico se le vuelve progresivamente hostil: a los yanquis les crecen los enanos. Ahí tenemos a Israel, su matón regional, aislado, hundido en la depresión y tratando de restañar sus heridas tras la humillante derrota propinada por Hezbollah el 2006. Y, justo en frente, Irán,  sobreviviendo mientras contempla como los vientos se le tornan favorables: cada día que pasa, en la medida en la que el petróleo sube y se estrechan sus  relaciones con Rusia y China, hace más difícil el cacareado ataque a sus instalaciones nucleares.
Sin embargo, y quizás precisamente por esto, la postura de Obama sobre la Revolución Egipcia ha sido infinitamente más astuta e inteligente que lo que cabía esperar.  Recordando como EEUU se empeñó en sostener a base de bombas  al corrupto gobierno survietnamita o como se hicieron los suecos mientras el Sha ordenaba disparar  a los manifestantes desde los helicópteros, cabía esperar  una defensa incondicional de Mubarak: la misma clase de grotesca defensa que ha realizado Israel (contribuyendo a terminar de  hundirle en la mierda ante el pueblo egipcio).  Pero no: aunque durante los días primeros pudimos escuchar “perlas” en boca de Clinton como que “el gobierno de Egipto es estable”, Obama, oliéndose que apostaba por caballo perdedor, no tardó mucho en comprender que convenía sacrificar ese peón. Visto desde aquí, es fácil decir que no le quedaba más remedio, y que empeñarse en sostener a Mubarak era un suicidio que, a la larga, hubiera provocada un profundo resentimiento y antiamericanismo en el pueblo egipcio de consecuencias imprevisibles. Pero semejantes sutilezas suelen escapar de los procesos mentales de los dirigentes yanquis, completamente cegados por la arrogancia y la ignorancia, y que ya tienen bastante con no ahogarse con las galletas saladas.
Obama ha inaugurado  una nueva era en la política exterior norteamericana que se podría denominar (me pido el copyright) “firmeza adaptativa”, que lejos de tratar de imponer a hostias sus intereses (quizás por que sabe que no puede), prefiere hacer control de daños y tratar de ver en los cambios más una oportunidad que una amenaza. Y he de decir que, como antiamericano,  semejante postura me acojona.  A pesar de que la decadencia yanqui es ya inevitable y que no les salva nadie, estas políticas “blandas” podrían permitir a EEUU ser una potencia relevante mucho más tiempo de lo que algunos apostábamos.  Qué putada, ¿no?
Afortunadamente, los que lanzamos esputos e insultos  a la bandera americana podemos estar tranquilos: el Tea Party  y su chusma de tarados  viene en nuestra ayuda.  Y es que, ¿puede uno imaginarse a Bush reaccionando como  Obama  ante este asunto? Ni en coña. Pues imaginad  lo que cabe esperar de un grupo de fanáticos -tan teocráticos como Jomeini-  que solían acusad de “blandengue” a Bush: el más absoluto desastre; Oriente medio en llamas. Rectifico: el mundo entero en llamas.  Qué coño, no hace falta ni imaginarlo:  ya se pueden oír en la FOX y medios de su calaña las reacciones de los chicos del Tea Party y de sus colegas sionistas  sobre la cuestión. ¿El resumen?: Obama (que para algo es medio musulmán) ha entregado Egipto a los islamistas: la sutileza analítica de costumbre.
¿Y sabéis la mejor parte? El fascismo vuelve. Sí, amigos. Estos fachas, salvo milagro, van a arrasar en las próximas elecciones -y si no, ya se encargarán de poner una dianas sobre los nombres de sus oponentes-.  Y todos sabemos lo que sucederá; será hermoso: de la mano de Israel, cual elefante en cacharrería, meterán a los Estados Unidos en otro par de Guerras imposibles de ganar –¿Irán, Yemen?- que terminarán de colapsar la economía yanqui y que significarán el final definitivo de EEUU como potencia mundial: eso si no desemboca a la larga  en  otra Guerra Civil americana. ¿El precio por semejante victoria? Casi nada: apenas unos cuantos millones de muertos. Yo lo asumo.
Sarah Palin,  prima violenta de Chuck  Norris y próxima presidenta de los EEUU. 2000 millones de antiamericanos hemos puesto nuestra fe en ella.  Además, a mi me pone verraco, qué pasa.
Así que, recuerda: si te sientes tan antiamericano  como yo y sólo les deseas la muerte y la ruina de los EEUU, no olvides enviar tu donativo a la campaña de Sarah Palin o, en su defecto, a la sede del Partido Republicano más cercana –si lo envías a la embajada israelí, también les llega-.  1400 millones de Chinos, 1300 millones de musulmanes, unos cuantos miles de rojos trasnochados (como yo) e incluso el mismísimo Bin Laden te lo agradecerán.