A decir verdad, hoy no tenía por intención añadir nada al Blog, pero indagando en internet me encontrado con un articulo tan profundamente ofensivo, tan erróneo, tan inmoral, me atrevería a decir, que me he visto impelido a dedicar unas líneas (no merece más allá de un puñado) a darle respuesta.
El artículo, perpetrado por el todavía (para vergüenza de la ciudadanía española) eurodiputado Alejo Vidal-Quadras, puede encontrarse en esta página, http://www.minutodigital.com/2010/12/09/alejo-vidal-quadras-wikileaks/, una página cuya ideología puede "intuirse" observando la sucesión de imágenes de Franco, Hitler y el Valle de los caídos, entre otras, que se muestran en su cabecera, y que sólo cito (que luego todo se sabe) para cumplir escrupulosamente con las leyes de la propiedad intelectual.
Si más preámbulos, reproduzco el texto:
“Un componente esencial para que el mundo funcione es la discreción. Nadie podría resistir las consecuencias de que todas sus comunicaciones, conversaciones, correspondencia, diarios íntimos, desplazamientos, itinerarios de navegación en internet y movimientos bancarios fuesen desvelados sin restricción alguna. No habría matrimonio, relación profesional, amistad o carrera política capaz de sobrevivir a la exposición pública de cada detalle de la vida de sus protagonistas porque los seres humanos nos movemos en planos distintos y simultáneos, cada uno de ellos sujeto a sus reglas, sus límites y sus esferas de aplicación. Por supuesto, se trata de un equilibrio delicadísimo que cada individuo intenta manejar con el debido cuidado y que se entiende protegido por un derecho fundamental, el de la privacidad. Es obvio que solamente en un contexto social, político y legal monstruoso los seres humanos carecen de un ámbito personal al que pueden vedar el acceso a las autoridades o a sus conciudadanos. Un hombre o una mujer impedido de configurar un espacio reservado exclusivamente a sí mismo de deshumaniza hasta extremos destructivos. La atmósfera opresiva del 1984 orwelliano viene de inmediato a nuestra mente a la hora de imaginar un mundo tan atroz. Esta verdad incuestionable es asimismo aplicable a las organizaciones de cualquier índole, incluyendo a los Estados. Por eso cuando existen sospechas de que la actividad de un grupo o una persona puede ser delictiva es necesaria la autorización de un juez para intervenir sus comunicaciones, registrar su domicilio o descubrir sus secretos, e incluso en estos casos obedeciendo determinadas restricciones legales. Baltasar Garzón algo sabe de este asunto. Julian Assange ha ignorado esta regla esencial de la convivencia y de la sensatez y ha instituido un almacén de delaciones irresponsables que afectan a la seguridad de las naciones, a la honorabilidad de probos funcionarios, a las relaciones internacionales y a la estabilidad geopolítica del planeta. Con el pretexto de la transparencia, ha incurrido en el despropósito y ha causado enormes daños, algunos irreversibles y otros de consecuencias imprevistas. En mi opinión, es un perturbado peligroso que debe ser neutralizado. El consejo evangélico sobre la ignorancia de cada mano respecto a lo que hace la otra encierra una sabiduría fundamental. La historia nos ha mostrado ampliamente la gravedad de las catástrofes provocadas por redentores visionarios ebrios de soberbia y rebosantes de desprecio por sus semejantes.”
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Cada día estoy más convencido que ser seguidor de según qué “derechas”, más que una opción ideológica legítima, es síntoma alguna grave forma de distorsión cognitiva. Cada palabra de este texto, sin ir más lejos, es reveladora de una visión completamente distorsionada y profundamente degenerada de la realidad; tan alejada de lo puramente objetivo que hace pensar en la dilusión característica de la paranoia, la esquizofrenia y otros trastornos psiquiátricos. Una visión que, por lo demás, evidencia una ceguera intelectual, una ignorancia y una mezquindad proverbiales.
Para empezar, le recomiendo al señor Vidal-Quadras que relea 1984: es evidente que en su momento no entendió nada; ni palabra. Y digo “releer” por pura prudencia, en el piadoso deseo de otorgarle el beneficio de la duda, porque resulta tan claro, tan evidente que no fue capaz de captar ni un ápice del sentido e intencionalidad de la obra, es tan ofensiva a la inteligencia su tendenciosa y libérrima interpretación de la misma, que me atrevo a afirmar que jamás la ha leído.
Aquellos que sí la han hecho recordarán que lo que definía la pesadilla orwelliana era la impostura. El régimen imaginado por Orwell se sostiene única y exclusivamente sobre la continua y perpetua falsificación de la realidad: sólo en la medida en que sus ciudadanos eran mantenidos en la completa ignorancia era posible que éste prevaleciese. ¿Qué hubiera sido del Gran Hermano si sus ciudadanos hubieran conocido la terrible verdad tras la propaganda? ¿No era acaso su mayor obsesión el control de cada pensamiento? Si el Señor Vidal-Quadras hubiera leído realmente la obra, cosa que dudo, recordaría el “Ministerio de la Verdad”: aquel cuyo siniestro lema era “Quien controla el presente, controla el pasado; quien controla el pasado, controla el futuro”; ese cuya única actividad era la de rehacer concienzudamente archivos y periódicos a fin de encajar el nuevo y ficticio presente con el reinventado pasado. Así que, en efecto: cada palabra, cada punto y cada coma de esta obra, le desmienten: el totalitarismo del que quiere prevenirnos Orwell nace del “bien comun”: un “bien” que lo justifica todo y que se sustenta sobre un “orden” impuesto a todo coste cuyas primeras víctimas son la verdad, la justicia y la transparencia. Un “orden”, ni que decir tiene, peligrosamente cercano a lo que revelan añorar a cada instante el señor Vidal- Quadras y los suyos .
¿Quién hubiera sido visto con mejores ojos por aquel monstruoso régimen, Assange o el mismo Vidal-Quadras? ¿Qué papel hubiera representado Assange en la obra, héroe o villano? ¿Y él? Yo, por mi parte, lo tengo claro: Vidal-Quadras hubiera sido un eficiente funcionario del “Ministerio de la Verdad”. No se puede decir menos de alguien cuyo cinismo o delirio llega al punto de sostener que Orwell, incansable luchador por la libertad, hubiera censurado tan sólo uno de los actos realizados por Assange. Es la misma clase de cinismo miserable que es necesario para arrastrar a la guerra a un país sobre la mentira de las armas de destrucción masiva iraquíes o para sostener que ETA está tras el 11-M.
Vidal-Quadras se atreve a sostener que la democracia se sustenta sobre el secreto, la hipocresía y la impostura. Pues bien, si esto es democracia, yo me niego a participar de ella. Por otro lado, ¿por qué íbamos a creerle, si se reconoce amante de la impostura? ¿No estará impostando a su vez la opinión?¿No será el primero que reconoce que no hay lugar para la mentira, el secreto y la media verdad en una verdadera democracia? ¿No será Vidal-Quadras, en realidad, hostil a la democracia?
La cavernaria presencia de Vidal-Quadras en un cargo de tan alta responsabilidad, por todo lo dicho, se me antoja una grave amenaza para nuestra libertad: sin duda, él y los suyos, aquellos capaces de defender lo aquí expresado, se cuentan entre nuestros enemigos –tuyos y míos- . Sin embargo, y a pesar de mi incontenible repugnancia, no seré yo quien pida que sea “neutralizado”. Eso es lo que nos distingue a los verdaderos demócratas.
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